Ayer domingo leí en El País que Rajoy participaba en la Convención del PP sacando su discurso más liberal. Apostaba en su discurso por “menos regulación, menos imposiciones, menos prohibiciones y más libertad”.
El discurso de más sociedad y menos Estado no es precisamente nuevo sino que lleva entre nosotros desde hace decenios. No es un discurso que me desagrade. Es más, puedo estar de acuerdo en que el Estado ha avanzado demasiado y vendría bien una desregulación en algunos aspectos.
Sin embargo, resulta curioso que sea precisamente el PP quien trate de liderar el discurso de la libertad para conquistar La Moncloa en 2012. ¿Se lo imaginan? A mí me resulta casi tan chocante como ver a Camps firmando contra la corrupción.
Soy de los que piensa que el PP no tiene ganadas las elecciones de 2012, pero la llegada de Mariano Rajoy a la presidencia del Gobierno puede ser muy contradictoria con su discurso de este fin de semana.
El PP es un partido que ha dejado ya clara su intención de prohibir a las mujeres decidir sobre su maternidad. Rajoy ha dejado claro que piensa derogar la ley de salud sexual y reproductiva, rescatando la regulación de hace más de 25 años. Por otra parte, hará una nueva regulación para controlar la píldora del día después. Además, por las acciones que vemos en sus ayuntamientos y comunidades autónomas, no tardará en eliminar todos los centros de planificación familiar, dejando a bastantes jóvenes sin atención.
De igual modo, veremos cómo se desmantela el presupuesto destinado a integración ya que el Estado no es quien para entrometerse en la libertad de las personas. Por contra, veremos cómo se aprueban nuevas regulaciones que obligue a estas personas migrantes a firmar un documento en el que renuncien a su libertad y se comprometan con los valores que decida el PP que fundamentan nuestro Estado.
También los homosexuales se encontrarán con una ley que derogará la ley que permite los matrimonios entre personas del mismo sexo. A buen seguro, significará que se cambia de nombre: en lugar de matrimonios, los homosexuales tendrán acceso a una institución específica. Se llamará unión civil o como buenamente considere Rajoy. Se quedarán sin el derecho a adoptar. Situar a las parejas del mismo sexo como ciudadanos de segunda es muy poco coherente con el discurso de la autonomía personal y la libertad individual.
Siguiendo la política autonómica desarrollada, veremos cómo se ignorará la aplicación de la ley de dependencia, una norma que significaba más intervención del Estado pero precisamente con la intención de dar más libertad a aquellas personas que se encuentran hoy en día atadas por la atención debida a familiares dependientes.
En un alarde de desregulación, puede que también decidan adaptar la Ley de Reproducción Asistida. Siguiendo la postura oficial del PP (que votó en contra de esa Ley) será difícil que se repitan casos como el de Javier, que salvó la vida de su hermano gracias a la selección genética. La libertad de los padres para decidir tener hijos compatibles que sanen enfermedades se verá restringida.
Será eliminada Educación para la Ciudadanía, una asignatura que apareció para fomentar el pensamiento crítico y la opinión autónoma. Se deregorá en virtud de una virtual liberdad de los padres para elegir el tipo de educación ética que deben recibir sus hijos. Pero esa derogación irá acompañada de un nuevo impulso para la asignatura de Religión, pero de religión católica que es la que vertebra el pensamiento liberal del PP.
Porque la apuesta por la libertad que defiende el partido conservador no es una libertad que permitirá equiparar a las personas con independencia de la religión que profesen. No. Se continuará cediendo terrenos municipales gratuitamente para construir iglesias católicas pero, en el mismo ejercicio liberal, los musulmanes continuarán encontrándose todos los obstáculos posibles para encontrar dónde ubicar sus centros de rezo.
Porque la libertad que predica Rajoy no es tal libertad. No se cree en la autonomía personal. No es una apuesta por las personas que puedan decidir sobre su futuro. No. Es una libertad que se detiene frente a la moral católica. Es más, es una libertad que beneficia la imposición de los valores católicos. En España, recortar los recursos contra la exclusión social es dejar en manos de la Iglesia católica la asistencia a las personas en peligro de exclusión. Recortar el presupuesto en planificación familiar significa dejar que gane terreno la Iglesia católica en los temas de sexualidad. Recortar el presupuesto de la escuela pública fomenta la escuela privada y concertada, que se encuentra en manos de la Iglesia católica. Recortar el dinero destinado a integración deja a los migrantes ante la única alternativa de la red asistencial católica. Recortar el presupuesto en Cooperación mientras se mantiene (o aumenta) la asignación a la Iglesia católica, elimina proyectos de ONG laicas en países menos desarrollados y favorece las misiones católicas…
Esa es la gran incoherencia del PP cuando habla de libertad. Se pone coto a la intervención del Estado para que la mano invisible del mercado campe a sus anchas para articular la esfera económica, al tiempo que dejar a la sociedad sin los instrumentos del Estado para fomentar una ciudadanía activa. Se retrae el campo de acción del Estado en cuestiones de ética pública para dejar que la moral conservadora ocupe esos mismos espacios.
Y con ese discurso liberal no puedo estar de acuerdo. Resulta mucho más productivo un Estado que activamente ponga en manos de la sociedad las herramientas necesarias para que actúen con libertad. Un Estado que, basándose en una regulación no invasiva, cree los espacios para la convivencia y que muestre los valores de la diversidad. Ese es el verdadero discurso liberal que espero escuchar.