Educación para la ciudadanía

Escrito el 12 de Junio de 2007 por cristóbal [H]

Leamos un par de artículos de la Constitución Española. Art. 27.2: La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.

Art. 27.3: Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

Hoy ha vuelto el Sr. Cañizares (Arzobispo de Toledo) a arremeter contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que propuso el Gobierno para enseñar los principios constituyentes e inspiradores de la legislación española, siguiendo lo que se dice en el artículo 27.2 CE.

Que Cañizares diga que esta asignatura es contraria al artículo 27.3 es lo mismo que decir que los poderes públicos están impidiendo a los padres y madres la enseñanza de la religión católica (porque, evidentemente, que no se garantice la enseñanza de otras religiones u otro tipo de moral que no sea la católica es algo que le trae al pairo).

Esta afirmación es manifiestamente falsa. La reforma educativa que se aprobó ignoró las reclamaciones de un importante sector laicista del PSOE y otros colectivos ajenos al Partido y permitió que la enseñanza pública impartiese la clase de religión (católica).

Creo que, además de dejar de mentir y manipular, estaría bien que Cañizares explicara las verdaderas razones por las que le revienta que haya una asignatura que, siguiendo lo dictado del artículo 27.2, enseñe principios de libertad, igualdad, derechos y respeto a todos los ciudadanos y ciudadanas de España: pérdida de poder político, pérdida de influencia sobre la moral y pérdida de financiación.

Pese a que la mayoría de las teorías apostaban porque la posmodernidad traería el declive de las religiones, lo cierto es que lo que se está secularizando es la vida interpersonal, mientras que la religiosidad en muchos casos se afianza en el nivel más personal, más allá de los dogmas e imposiciones externas.

Esta tendencia no hace más que acentuar la horizontalidad en las creencias, algo que haría peligrar las posiciones de poder de la misma jerarquía católica que se revuelve cuando el Estado plantea una formación ética (cívica, secular) independiente de la religiosa.

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