Mauritania

Escrito el 7 de Agosto de 2008 por cristóbal [H]

Un Estado un poco olvidado, del norte de África, atrae ahora nuestra atención por haber sufrido un golpe de Estado. Aunque los golpistas aseguran que de golpe de Estado nada, que lo suyo ha sido una intervención para salvar el país y encarrilar de nuevo el proceso democrático”.

De nuevo, aparece en el mundo un ejército (mandos militares, más bien) que se proclama como garante último de la seguridad del país y que consideran que su criterio sobre los asuntos de Estado tienen más razón que el criterio de los cargos elegidos directamente por el pueblo. De este modo, ellos (rara vez son ellas, por no decir nunca) deciden cuándo el “proceso” se ha salido del camino y hacia donde ha de ir encarrilado.

A mí me resulta especialmente perturbador cuando se habla siempre sobre el interés de tal o cual país olvidando hablar de las necesidades de las personas, lo que viene mejor para representar los intereses de la ciudadanía porque se subsume al conjunto de la población en una entidad superior que parece cobrar vida propia. Se anula al individuo, creando un interés colectivo, usualmente coincidente con el de los golpistas, pero que se lo atribuyen a “la república”, “el país”, “la nación” o la comunidad que se invente para el momento.

El problema es que mientras que la ciudadanía expresa en las urnas quienes son sus representantes y, por tanto, pueden representar un interés más o menos común, suma de los intereses individuales; la nación, el país o la república no son seres a los que se le pueda preguntar por sus necesidades. O sí. Siempre que se identifique con la ciudadanía, en cuyo caso, la vía para preguntarle es en procesos democráticos contra los que han actuado en Mauritania estos militares.

No nos equivoquemos, no son sólo los mandos del ejército quienes se piensan en posesión de la Verdad sobre las necesidades reales del país, pero sí que son casi los únicos con los medios para imponer su visión. En Turquía les está llevando décadas conseguir que el ejército deje de intervenir en las decisiones políticas. En España, no hace tanto tiempo, sufrimos un intento de golpe de Estado militar.

Esperemos que las naciones (naciones por ciudadanía, no como unidad en el destino universal) que están entrando en la senda democrática, logren un ejército al servicio de la democracia y no que el ejército tolere la democracia siempre que se pliegue a sus intereses. Y que los Estados que ya tenemos experiencia en este ámbito, les apoyemos para acelerar este cambio.

Hasta ese momento, una nueva democracia ha caído.

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